De Consumidor a Ciudadano Productor

En el año 1985 Michael Porter definió en su obra “Competitive Advantage: Creating and Sustaining Superior Performance” una de las herramientas de análisis más utilizadas hasta la fecha en la planificación estratégica dentro de las compañías: la cadena de valor.

Su objetivo era y es maximizar la creación de valor desde para el cliente, situado en el extremo final de la cadena, de la manera más eficiente posible. Es decir, minimizando la imputación de costes por la aportación de valor en cada una de las fases: producción, operaciones, logística, marketing y ventas y por último servicios de atención al cliente. De esta forma, se determinaba el margen entre lo que el consumidor final aceptaba pagar y los costes incurridos por colocar ese producto o servicio en sus manos. Por tanto, eran única y exclusivamente las compañías las que aportaban valor al producto final.
Esto ya no es necesariamente así. La capacidad de crear, distribuir, comunicar y vender productos y servicios de consumo ya no es sólo cosa de las empresas sino potencialmente también de cada uno de nosotros, los nuevos ciudadanos productores.
Podemos ser, y de hecho somos ya, mucho más que consumidores pasivos, exclusivamente receptores de valor al final de la cadena cuando tenemos el producto entre nuestras manos. La aportación de valor sobre el mismo pasa en muchos casos por la aportación de otros ciudadanos como nosotros.
¿Qué ha cambiado desde aquel 1985? Muchas cosas. Modelos de logística colaborativa, iniciativas de racionalización de recursos, una nueva conciencia global, una crisis de credibilidad en las compañías con modelos productivos excesivamente tradicionales, un mercado saturado de mensajes publicitarios, una visión del mundo de los negocios más emprendedor y casi unipersonal, el empoderamiento tecnológico de los individuos, nuevo modelos ágiles de innovación y desarrollo de productos y servicios, etc, etc. Si antes la mente de las compañías estaba en “crear valor recortando costes” ahora debe estar en “crear valor con la ayuda de otros”.
Esta nueva visión es lo que denomina muy bien Sangeet Paul Choudary, emprendedor y miembro de la comunidad de profesores del MIT y de la INSEAD Business School, como “Platform Thinking”.
Aunque este es un pensamiento muy obvio cuando hablamos de negocios digitales como Amazon, Etsy, eBay, Airbnb, Uber, BlaBlaCar, etc. también marcas como Apple, Disney, Nike o Domino’s Pizza están implementando.
Nuestros bienes pueden ser materia prima. Nuestras ideas desarrollos de producto. Nuestros vehículos servicios logísticos. Nuestros contenidos campañas publicitarias. Nuestras voces mensajes. Nuestras redes canales de venta. Nuestras opiniones respuestas. Por lo tanto, ya no podemos dirigirnos a los usuarios como meros consumidores (que lo son), sino también como potenciales colaboradores en la generación de valor para los productos y servicios de las marcas para las que trabajamos.
Convertir tu marca en una plataforma no es ahorrar costes sino abrirte a un mundo de oportunidades.