Mobile y la Era del (really) Big Data

¿Cuánto vale y quién controla nuestra información?

No hace tanto que los smartphones entraron en nuestras vidas y ya resulta inimaginable vivir sin ellos. Llevar el móvil encima nos proporciona acceso en todo momento y lugar a cualquier información que podamos necesitar. Facebook, Whatsapp o Snapchat nos garantizan la comunicación permanente con nuestros contactos. Y la aparición de servicios y aplicaciones basados en geolocalización como por ejemplo Waze, MyTaxi, FitBit o incluso Pokemon GO, nos han convertido en seres absolutamente dependientes del móvil… y absolutamente medibles.
La movilidad ha conseguido que, en poco tiempo, el rastro digital que cada uno de nosotros va dejando en la Red haya pasado de ser un camino intermitente de migas de información -como nuestra IP o nuestros hábitos de búsqueda- a ser una auténtica autovía que vamos alquitranando continuamente con datos de geolocalización, como nuestros desplazamientos o los lugares que visitamos, pero también con información sobre nuestro historial de pagos, nuestro estado de ánimo y hasta nuestra forma física. Y gracias al desarrollo del Internet de las Cosas (o por su culpa), no paramos de añadir carriles a esa autovía, rodeándonos cada vez por más dispositivos que no paran de transmitir información sobre nuestro comportamiento.

Pero, ¿qué pasa con toda esa información? ¿Quién se beneficia de ella? ¿Podemos, como usuarios, controlar la privacidad de nuestros datos o incluso obtener un beneficio económico por ellos?

Muchas iniciativas pretenden devolver al usuario el control de “su data”; Telefónica anunció el pasado septiembre el desarrollo de una plataforma que permitirá a sus clientes tomar el control de los datos que viajan en su conexión y que OTT’s como Google, Facebook o Amazon utilizan para generar ingresos mediante publicidad orientada. Financial Times lanzó una calculadora basada en una serie de variables personales y de comportamiento, con la que cualquiera puede conocer el valor de sus datos para el mercado publicitario. Google por su parte lanzó Opinion Rewards, una app que envía encuestas sobre lugares y comercios que se han visitado y paga a los usuarios por completarlas con crédito para Google Play (entre 0,15 y 0,70 € por encuesta).

Pero mucho más interesantes que la posibilidad de obtener un (irrisorio) beneficio económico a cambio de nuestros datos, son aquellos proyectos orientados al beneficio social. CrowdSignals.io es una plataforma, financiada a través de crowdfunding, que pretende poner a disposición de estudiantes y científicos millones de datos procedentes de voluntarios que aceptan ser “trackeados” digitalmente. Toda la información se utiliza en investigaciones de distintos campos como la medicina, el desarrollo de software o la sostenibilidad, siempre que ayuden al progreso social.

Es precisamente aquí donde las grandes marcas tienen una gran oportunidad. La mayor parte de ellas ya utilizan estrategias basadas en data con fines de negocio y objetivos cortoplacistas. Pero aún son pocas las que se han lanzado a explorar el valor social de los datos en estrategias enfocadas a la Responsabilidad Social. Uno de esos ejemplos es Samsung, que basándose en el principio de la computación compartida, lanzó al mercado una app-despertador que, desde que se activaba al irse a dormir hasta que sonaba a la mañana siguiente, ponía la capacidad de procesamiento del teléfono al servicio de la investigación médica, procesando paquetes de datos y enviando los resultados a una unidad central en la Universidad de Viena, donde se incorporaban a estudios sobre enfermedades como el cáncer o el Alzheimer.

Iniciativas así, que unen el Big Data con las emociones de las personas y donde se contribuye al desarrollo de la sociedad, son las que van a permitir a las marcas ganar la confianza de sus clientes y alcanzar el estatus de Meaningful.